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martes, 4 de marzo de 2008
14. El gobierno tiene derecho a proteger a la gente de sí misma.
Escrito por el Dr Madsen Pirie
¿A la gente? Eso quiere decir que a ti. ¿Te gustaría que alguien te protegiera de ti mismo?
Para empezar eso significa que el gobierno debe decidir de qué cosas debes ser protegido. Si aceptas seguir ese camino estarás perdido. El gobierno podría decidir que debes ser protegido del humo del cigarro. Si sus científicos dicen que el azúcar y la sal son malos para la salud de las personas querrán protegerte de ellas también. Quizás también de las grasas saturadas, como las de la mantequilla. Quizás querrán protegerte de la inactividad física también.
Una vez que hayan decidido que consideran nocivo para nosotros, el gobierno tomara la decisión de protegernos. Intentará hacerlo prohibiéndonos hacer las cosas que de otro modo habríamos hecho. La única forma en que podrá hacerlo es mediante el uso de la fuerza, de sanciones y amenazas. De ese modo el gobierno nos quita la libertad de decidir qué hacer y nos obliga a hacer lo que él quiere que hagamos.
John Stuart Mill pensaba que solo en el caso de que alguien cause o ponga en riesgo serio de daño físico a otros el gobierno debería detenerlo. ¿Debe proteger a alguien de cruzar por un puente peligroso? No, decía, puede ofrecer información , colocar un letrero que advierta no cruzar. Pero debe dejar en manos de las personas el evaluar los riesgos y tomar una decisión.
Algunos creen que el gobierno sabe mejor que nosotros mismos lo que nos conviene. Eso es algo poco probable, pues sobran medios de información que nos adviertan sobre los peligros que enfrentamos.
¿Y qué hay de los daños que no son materiales? A algunas personas debe preocuparles profundamente el que no asistas a ceremonias religiosas, pero eso no les da el derecho a obligarte a hacerlo. Lo mejor que podemos hacer es que escuchar consejo, pero tomar nuestras propias decisiones y enfrentar sus consecuencias.
Entrada original en inglés.
martes, 5 de febrero de 2008
1. Sólo los culpables deben temer a la vigilancia y cateos policiales
Escrito por el Dr Madsen Pirie
El grito de batalla de las autoridades opresoras e interventoras siempre ha sido el de que "sólo los culpables tienen algo que temer". Eso no es verdad. Incluso los inocentes deben temer a un gobierno todo poderoso e interventor. En las sociedades libres debe permitirse a cada individuo tener un espacio que pueda mantener privado. No porque se vayan a guardar secretos culposos, sino para mantener en privado cosas que no le competen a nadie más.
¿Por qué habría de permitirse al gobierno abrir nuestro correo, husmear en nuestras comunicaciones electrónicas, intervenir nuestros teléfonos y espiarnos con sus cámaras? Tenemos todo el derecho a preguntarnos para qué querría el gobierno tanta información sobre nosotros. La sola posesión de esa información supone, en sí misma, un riesgo de abuso. A quienes tienen acceso a ella se les coloca en una posición de poder sobre otros; esa información podría ser utilizada para chantajear o intimidar. No haría falta que se tratara de una actividad ilegal, bastaría con que pudiera avergonzar a alguien de hacerse pública.
En las sociedades libres se imponen límites a la ley. Se le niega al gobierno el derecho de husmear con el pretexto de encontrar una culpabilidad poco probable y se le exige que demuestre la causa que justifique una investigación. Se demanda que se exprese cuál es el crimen del que se sospecha y no se autorizan búsquedas para ver qué pueden encontrar. No somos siervos o súbditos que deban quedarse en su sitio y obedecer las órdenes del poderoso gobierno: por el contrario, somos ciudadanos que mantenemos a un gobierno que debería servirnos a nosotros. No debemos darle más poder que el que el que nosotros acordemos y no debemos darle el poder de saber de nosotros más de lo que necesite para servirnos y protegernos.
Entrada Original en inglés.
El grito de batalla de las autoridades opresoras e interventoras siempre ha sido el de que "sólo los culpables tienen algo que temer". Eso no es verdad. Incluso los inocentes deben temer a un gobierno todo poderoso e interventor. En las sociedades libres debe permitirse a cada individuo tener un espacio que pueda mantener privado. No porque se vayan a guardar secretos culposos, sino para mantener en privado cosas que no le competen a nadie más.
¿Por qué habría de permitirse al gobierno abrir nuestro correo, husmear en nuestras comunicaciones electrónicas, intervenir nuestros teléfonos y espiarnos con sus cámaras? Tenemos todo el derecho a preguntarnos para qué querría el gobierno tanta información sobre nosotros. La sola posesión de esa información supone, en sí misma, un riesgo de abuso. A quienes tienen acceso a ella se les coloca en una posición de poder sobre otros; esa información podría ser utilizada para chantajear o intimidar. No haría falta que se tratara de una actividad ilegal, bastaría con que pudiera avergonzar a alguien de hacerse pública.
En las sociedades libres se imponen límites a la ley. Se le niega al gobierno el derecho de husmear con el pretexto de encontrar una culpabilidad poco probable y se le exige que demuestre la causa que justifique una investigación. Se demanda que se exprese cuál es el crimen del que se sospecha y no se autorizan búsquedas para ver qué pueden encontrar. No somos siervos o súbditos que deban quedarse en su sitio y obedecer las órdenes del poderoso gobierno: por el contrario, somos ciudadanos que mantenemos a un gobierno que debería servirnos a nosotros. No debemos darle más poder que el que el que nosotros acordemos y no debemos darle el poder de saber de nosotros más de lo que necesite para servirnos y protegernos.
Entrada Original en inglés.
Etiquetas:
derecho a la privacía,
espionaje,
libertades,
privacidad
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