domingo, 3 de agosto de 2008

29. Deberíamos prohibir la importación de productos que son baratos gracias a los bajos salarios o malas condiciones laborales de los países de origen.

Escrito por el Dr Madsen Pirie

La oportunidad de vendernos productos le da la oportunidad a algunas personas en los países más pobres la oportunidad de iniciar su camino hacia el desarrollo económico. Los salarios podrán parecernos de “subsistencia” a nosotros, pueden resultarles de “sobrevivencia” a ellos.

Si otros países pueden hacer bienes a menor costo que nosotros, deberíamos de comprar esos bienes y dirigir nuestros esfuerzos productivos hacia lo que podemos hacer mejor. Todos se benefician de ello. Se llama la Ley de la Ventaja Comparativa, que lleva a los países a dirigir su economía a aquello que hacen mejor y a comprar lo que necesitan de los productores más eficientes al precio más bajo.

Algunas industrias en los países en desarrollo le pagan mucho menos de lo que nuestros trabajadores estarían dispuestos a aceptar y tienen condiciones por debajo de lo que nosotros toleraríamos. La pregunta es cómo comparan esos salarios y esas condiciones con las demás alternativas disponibles en esos países. En la mayoría de los casos ellas representan una mejoría sobre la agricultura campesina y la malnutrición. Lo mismo ocurrió en Gran Bretaña durante su industrialización.

Son esos salarios bajos los que les dan acceso a nuestros mercados, los que les permiten poner sus pies en el primer peldaño en la escalera económica. Nosotros vivimos mejor porque podemos comprar bienes más baratos; y ellos viven mejor porque reciben nuestro dinero. Conforme las economías se vuelven prósperas pueden ofrecer mejores condiciones de trabajo; debemos ayudarlos a lograrlo tan pronto como sea posible. En lugar de prohibir esos productos, deberíamos comprar más.

Entrada original en inglés.

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